Fotografía por: Gilatrimedia

Una maleta almacenaba objetos atesorados por mi abuela paterna. Recuerdo como, a menudo, en nuestras conversaciones ella se levantaba, se dirigía a su cuarto y sacaba de su closet la maleta.  En ella guardaba desde fotos de sus hijos y familiares hasta pequeños trozos de tela.  En mi mente, guardo todas aquellas historias y narraciones de ella, pues sabía que al contármelas, ella se remontaba en sus más hermosas memorias y volvía a vivirlas. Fue un tiempo maravilloso el que pasaba junto a ella, aun de joven adulta. 
Tal y como mi abuela, cada uno de nosotros tenemos una maleta, unos más llena y pesada que otros, pero la tenemos. Esa maleta nos acompaña durante nuestro caminar en la vida, donde vamos construyendo experiencias hermosas y transcendentales que nos marcan para siempre. Y aunque probablemente, en nuestro camino nos encontremos tropiezos y experimentemos dolor y frustración debemos decidir qué experiencias son las que deseamos que formen parte de nuestro equipaje. 
Te invito a que te enfoques en las experiencias positivas, esas que te hacen sonreír aun en medio del valle más oscuro que atravieses. Enfoquémonos en aquello que una vez nos permitió experimentar la satisfacción de vivir y permitamos que sea nuestra motivación a seguir caminando este camino llamado vida. Llevemos esa maleta con mucho ánimo y con entusiasmo para compartir con otros las maravillas y bendiciones que nuestro Creador nos regala a diario.

 

¿Te animas? ¿Quieres saber más sobre Maleta en mano? 

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